viernes, 17 de junio de 2011

Yo Sólo Quiero Pegar en la Radio

     Para ganar mi primer millón. Y la verdad es que antes de darle al mundo a conocer alguna canción que haya escrito, antes de que la satisfacción pueda ser mía, ya he tenido un par de encuentros con la radio. Bueno, depende de cómo lo quiera ver uno. Nunca he salido en la radio ni he tenido un programa de radio (bueno, ni siquiera un podcast) pero he realizado un par de proyectos que supongo pueden entrar en ese ramo.



     El anterior fue un comercial de radio que hice en 2005. Bueno, fue el intento al menos. Tal vez -o seguramente -no es algo que Don Draper haría, pero la verdad es que sí estoy un poco loco. Todas las voces fueron grabadas con Sam, la voz que te proporciona Microsoft con Windows XP.

     Ese comercial fue parte de una serie de proyectos para una clase que llevé. Pensamiento Creativo era su nombre y Cristo en bicicleta, vaya que hice algunos trabajos... interesantes. Sin embargo, esa es otra historia y tendrá que ser contada en otra ocasión... lo que quiere decir que escribiré sobre eso en la próxima entrada del blog ya que al parecer este mes es el de las retrospectivas.

El Porro, pariente lejano de El Zorro fue uno de esos proyectos, de los cuales hablaré después

     Cuando los comerciales no fueron suficiente di el siguiente paso. Siguiendo los pasos del gran Kalimán vino la radionovela. Un proyecto para un curso de clásicos de la literatura, con un compañero tuvimos que adaptar El Extraño Caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. El proyecto tiene fecha del 2006. A ver si pueden identificar cuál es mi voz.



     Espero que ya pronto vea la luz mi primer sencillo. No porque quiero ganar mi primer millón de esa manera -tengo algunos otros planes en movimiento que me sacarán de la pobreza -sino porque tengo ganas de expresar algo con un ritmo pegajoso. Mientras tanto, adiós. Toca esa música funky niño blanco.

lunes, 13 de junio de 2011

Fuera de la Rutina

     Despertaba hacia un nuevo día, que no ofrecía otra cosa que la tediosa rutina a la que ya estaba acostumbrado. El sol aparecía en el horizonte y dejaba atrás la oscura noche llena de bruma y penumbras. Empezaba a sonar el despertador cuando yo ya estaba en la ducha, despabilándome y preparándome para el nuevo día; que seguramente iba a ser aburridísimo. Sin embargo, en ese momento no sabía lo que me deparaba el destino.

     Apenas acababa de salir del baño, sonó el timbre de mi casa. Empecé a caminar hacia la puerta y el timbre volvió a sonar. Era como si alguien estuviera desesperado por entrar; como si estuviera siendo perseguido por algo. Al llegar este pensamiento a mi cabeza sonreí, pues me había dado cuenta que había visto demasiadas películas de ciencia ficción y mi imaginación volaba pensando en las situaciones más extrañas posibles. Al llegar a la puerta –con la sonrisa todavía dibujada en mis labios- me encontré con mi primo Julio. Tenía una expresión sombría, con su pelo alborotado y su piel perlada por el sudor. Me llamó la atención la vestimenta que llevaba, pues iba vestido con un traje sastre –que en la vida le había visto- hecho como para una ocasión especial. Le pregunté qué pasaba, ya habiendo cambiado mi expresión alegre a una más preocupada. Su respuesta cambió aún más mi semblante, haciéndome pasar de preocupación, a una mezcla entre confusión y escepticismo. Sus palabras exactas -desde entonces imposibles de olvidar- fueron: “¿Ya estás listo? Eres el único que falta para llevar el ataúd”. Mi mente se llenó de desconfianza hacia Julio, pensando que tal vez me quería jugar una broma. Sin embargo la profundidad de su mirada me indicaba que era algo más.

     Su mirada se centró en mi persona, viéndome en un tono un tanto despectivo. Ya fuera de mi confusión le interrogué sobre lo sucedido, y mirándome ahora incrédulamente -todavía con un poco de desprecio- dijo: “¡Que si ya estás listo para cargar el ataúd de mi padre!”. Sus palabras me estremecieron. Sentí algo que nunca antes había sentido; un terror e inseguridad por las que estoy seguro muy pocas personas han pasado.

      Julio seguía mirándome, y sus ojos cafés me parecieron volverse rojos en furia, pues le parecía que no me importaba que su padre hubiera muerto. Sin embargo, yo ni siquiera sabía que mi tío Jesús había muerto. Cuando le pregunté a Julio sobre cómo había muerto mi tío –su padre- hizo una mueca de extrañeza y enojo, y muy enojado me dijo que no le importaba si no ayudaba con el ataúd, que no me necesitaba, y se fue. Caminó hacia un auto negro con una cajuela muy amplia, la cual supuse que era para introducir el cuerpo del difunto. No lo podía creer. Todos mis pensamientos se mezclaban y me apuntaban hacia diferentes direcciones. Lo único que podía hacer en ese momento era ir a trabajar. Entré a la casa y sin desayunar emprendí mi camino hacia el trabajo.

     Cuando llegué a Xanabot –la empresa donde trabajaba- me encontré con la siguiente sorpresa del día. Mi jefe –llamado Juan, un hombre que a sus 75 años todavía poseía una vitalidad impresionante- me pidió que le entregara un reporte sobre los materiales usados en la primera mitad del año pasado; lo extraño era que el informe me lo había encargado el día anterior, pero para dentro de una semana. Le comenté a Juan, y él me dijo que ya había pasado una semana con dos días. Mi expresión sufrió otro cambio, y mientras discutía con Juan la fecha de entrega del susodicho reporte, fijé la mirada en una de las paredes del cuarto. El calendario que había ahí marcaba el 18 de enero, una semana y dos días después de que Juan me encargara el reporte de materiales usados. Le dije a Juan que me perdonara y que mañana a primera hora tendría el reporte. Me dijo que era la última vez que condonaría una actitud tan irresponsable de mi parte, así como el decir mentiras por mi parte. Ninguna de sus palabras me interesaron en ese momento, y lo primero que hice fue ir a mi cubículo para hacer una llamada. Llamé a la casa de mi tía Julia, esposa de Jesús y madre de Julio. Nadie contestó el teléfono, lo que me llevó a pensar que no había nadie en casa y que todos estaban en el entierro de mi tío Jesús.

     Empecé a sentirme mal, queriendo volver el estómago sin siquiera haber comido algo en todo lo que llevaba de la mañana. Me quedé en mi cubículo intentando hacer algo de trabajo, lo cual se me hizo algo imposible de realizar, ya que tenía una mezcla de sentimientos que no me dejaban enfocarme en mi trabajo ni en ninguna otra cosa. Todo el tiempo que estuve en Xanabot estuve pensando en respuestas a la pregunta que atormentaba mi alma: “¿Qué está pasando?”. Intenté encontrar respuestas lógicas, respuestas descabelladas, cualquier tipo de respuestas, pero no podía pensar en ninguna. Cuando ya no pude más salí de Xanabot –no habiendo terminado mis horas de trabajo- y me dirigí a mi casa. Al llegar ahí, me puse a trabajar en el reporte que debía entregar a Juan al día siguiente. Con muchos trabajos –no porque fuera un trabajo pesado ni extenuante, sino por mi condición- terminé el reporte y me fui a la cama. Pensaba que con un poco de descanso podría pensar mejor, y que a la mañana siguiente todo mejoraría, pero lo que había vivido era sólo la punta del iceberg.

     Desperté en lo que yo pensé era la mañana siguiente, o sea el 19 de enero, pero me encontré con que no era así. Lo primero que hice al despertar fue acercarme al calendario. Éste marcaba el 18, ¡pero de febrero!. No podía creer lo que veían mis ojos, y me pellizqué más de una vez para cerciorarme que no era un sueño el que estaba viviendo. En ese momento me sentí mareado como nunca antes y me vi en la necesidad de correr hacia el baño para volver el estómago  y así intentar sacar parte de la frustración que sentía. Después de salir del baño, me senté en uno de los sillones para de nuevo pensar en alguna causa de mi problema y –por supuesto- en una solución para el mismo. Mis ideas iban de lo normal a lo extraño; de posibles lagunas mentales que tuviera hasta posesión por algún tipo de ente. Me llegó a la cabeza la idea de ser un viajero en el tiempo, sólo que en algún momento perdí el control y los cambios de tiempo dejaron de estar en mi posesión, así como los conocimientos de ellos. Decidí explorar las posibilidades, comenzando con las más cercanas. Me cambié la ropa –la misma con la que me había acostado el 18 de enero- y salí hacia el centro médico más cercano para hacerme una revisión cerebral.

     En el momento en que salí mi vecino llegaba de su habitual media hora de caminata –“al menos el mundo no ha cambiado” me dije a mí mismo- y al verme me dijo: “¡Qué milagro que te dejas ver Javier! Pensé que ya te habías mudado”. Me acerqué a él, y lo único que pude decir –o más bien, preguntar- fue: “¿A qué te refieres?”. Mi vecino frunció el entrecejo, como con extrañeza, y me explicó que no me había visto salir ni entrar a la casa desde el 18 de enero. Le dije que había estado fuera, y que estaba distraído por algunos asuntos que tenía pendientes. Me despedí y continué mi camino. Mientras caminaba al centro médico descarté la posibilidad de tener lagunas mentales, ya que por lo visto nadie había sabido de mi en el lapso de tiempo que yo tampoco recordaba. Sin embargo, un pensamiento me llegó a la mente: ¿cómo es que Julio me había dicho que le ayudara a cargar el ataúd si no había salido de mi casa en la semana en que ocurrió el incidente?. Decidí continuar con el plan del hospital y después averiguar qué había pasado en esa primera semana que me había saltado.

     Llegué al hospital, y le dije a la recepcionista –cuyo nombre era Jessica- que necesitaba un chequeo completo de mis funciones cerebrales. La recepcionista me miró en una forma burlona y me dijo que tomara un turno y esperara. Después de casi dos horas de esperar regresé con la recepcionista. Le dije que no estaba bromeando y que en realidad necesitaba ese chequeo. La enfermera me vio de nuevo y llamó al doctor Jeremías, quien iba a ser el encargado de manejar mi problema. Diez minutos más tarde el doctor se presentó.

     Fuimos a su despacho y me interrogó sobre mi ansiedad por hacerme un examen cerebral. Cuando le expliqué lo que me había sucedido –y que seguía sucediendo- soltó una carcajada que sonó en todo el hospital. La mayor parte de mí estaba segura de que me tomaría por  loco cualquier persona a la que le contara mi situación. Esperé un poco de tiempo –mientras el doctor seguía riendo, pareciéndome como si le hubiera alegrado el día con uno de los mejores chistes que hubiera escuchado en su vida- y luego le dije que me creyera un loco o no, le iba a pagar por cualquier servicio que me diera, así que dejara de burlarse y se concentrara en su trabajo. Con una mirada un poco menos risueña me dijo que pasáramos a una sala del hospital, donde podríamos comenzar con los estudios.

     La primera sala que visitamos era un aula amplia, en la que se respiraba un aroma extraño que se desprendía de los aparatos y las medicinas que ahí tenían su estancia. El doctor me condujo hacia una máquina de forma cilíndrica. A decir verdad, la máquina no me daba confianza y pensaba que algo me pasaría en el momento en que pusiera un pie dentro de ella. El doctor me dio una bata y me indicó que me cambiara. Después de haberme cambiado entré a la máquina cilíndrica e inmediatamente el doctor cerró la puerta. Me dijo que me relajara mientras examinaba mi cerebro, en busca de alguna anormalidad. Después que el experimento terminó –me sentía como un conejillo de indias y comencé a creer que no había sido una buena idea hacerme un chequeo, pues no estaba seguro de querer descubrir el hilo negro de mi problema- el doctor me indicó hacia dónde tenía que ir para seguir con los exámenes.

     El día en el hospital fue una de los más agitados que tuve, no por algún tipo de esfuerzo que tuve que haber hecho sino por la mezcla de sentimientos que habitaban dentro de mi ser. A pesar de tener miedo de aquello que resultara de los exámenes sentía también curiosidad y todavía un poco de escepticismo. Después de visitar la última sala –en la que solamente tuve que responder una serie de preguntas-, el doctor me dio mi ropa y me indicó que podía regresar en una semana por los resultados que hubiere obtenido.

     Le agradecí al doctor y me cambié el ropaje tan rápido como pude, pues el hospital nunca había sido alguno de mis lugares favoritos sino al contrario. Mi reloj marcaba las 5 de la tarde cuando comencé el camino de regreso a casa; no tenía idea de que mis problemas iban a continuar.

     De ida al hospital me había tardado tres cuartos de hora. De regreso me había tardado hora y media, debido a que mi mente seguía intentando descifrar otras opciones que tuviera si el hospital no me proveía de una solución. Al llegar a mi casa –casi mecánicamente- me dirigí al teléfono, para ver mis mensajes. La máquina indicaba que tenía cuatro mensajes: el primero era de mi primo Julio, en el que me avisaba lo ocurrido con la muerte de mi tío Jesús –me di cuenta de por qué me había visto con esa mirada furiosa pensando que era un maleducado el día que me buscó para cargar el ataúd-; el segundo mensaje era también de Julio, diciéndome que aunque no le había contestado su primer llamado le gustaría que lo ayudara a cargar con el ataúd de mi tío; el tercer mensaje era de Jenna -mi novia-. En su mensaje me decía que estaba preocupada por mí, pues no me había visto en más de tres semana y que apreciaría que le regresara la llamada lo antes posible; el cuarto y último mensaje –siendo también el más reciente- era de mi jefe Juan, quién me indicaba que no podía tolerar más irresponsabilidad ni faltas de asistencia de mi parte, por lo que se veía en la necesidad de despedirme.

     Me sentí fatal en ese momento. Había perdido mucho en toda mi ausencia. Había perdido partes de mi rutina que empezaba a considerar más valiosa que tediosa. Me senté en el sofá y mis ojos comenzaron a secretar lágrimas; lágrimas que eran más saladas y más amargas que cualquier otras que hubiera probado en la vida. Todos los mensaje me habían llegado como un gancho al hígado. Intentaba reconstruir mentalmente todo el tiempo que había perdido en ése estado vegetal, refiriéndome no solo al tiempo que no recordaba sino al tiempo que no disfruté, el tiempo que desperdicié al hacerme yo mismo todos mis días aburridos. Vi mentalmente el accidente de mi tío Jesús –que había chocado con otro automóvil conducido por un hombre ebrio-, la angustia de mi familia, la ira que ahora Julio tenía contra mí por no compartir su dolor, y la posible furia de Jenna, por no contestarle. Nunca había sido el hombre modelo, sino lo contrario, y ahora parecía aún peor. Seguí divagando hasta que mi cerebro se cansó. Sentado en el sofá, con las luces apagadas, caí en los brazos de Morfeo, en un profundo sueño.

     Desperté –creía yo al día siguiente- y al salir y ver el periódico del vecino descubrí que había transcurrido medio año. Medio año sentado en un sofá, con la misma ropa y sin cumplir ninguna de mis necesidades primarias como comer o ir al baño y sin embargo, encontrándome tan limpio como acabé la noche que me quedé dormido y en perfecto “estado de conservación”. En el momento en que vi el periódico lo dejé caer y entré de nuevo a la casa. Me acerqué al teléfono. Tenía más de 30 mensajes, la mayoría de Jenna diciéndome que estaba muy preocupada y finalmente, como ya no le hacía caso que no quería seguir siendo mi novia. Algunos otros de mi familia, que se encontraban también preocupados ya que no me habían visto en más de medio año, y finalmente otros pocos del hospital. Éstos últimos eran tres: el primero de una recepcionista del hospital, diciéndome que ya tenía los resultados y que podía pasar cuando quisiera por ellos. El segundo del doctor Jeremías recordándome sobre los resultados de los análisis e indicándome que podía ir por ellos cuando quisiera. El tercero y último –también del doctor Jeremías- diciéndome que me diría los resultados de los análisis por teléfono, en vista de que no estaba dispuesto a ir al hospital. No había nada extraño en mi cerebro, ni en ninguna parte de mi cuerpo realmente. El doctor dejó el último mensaje diciendo que estaba en una condición excelente, y que tenía mucha vida por delante.

     ¿Qué podía hacer en ese momento? De la noche a la mañana había perdido más que en todo lo que llevaba de vida. En un abrir y cerrar de ojos el infierno en que vivía se había calentado demasiado que las llamas me convertían en cenizas lenta y cruelmente. No tenía nada más por qué vivir, y añoraba mi rutina anterior, pues era un infierno más soportable a comparación de éste que vivía actualmente. No podía enmendar las cosas; no podía retroceder en el pasado. Mi vida era una pesadilla que había comenzado poco tiempo atrás para mí, pero más de 7 meses en tiempo real.

     Hice un recuento de lo que era mi vida, y me di cuenta que la había desperdiciado. Me di cuenta que debía poner mi máximo en todo lo que hiciera y que había despreciado todo lo bueno que me brindaba la vida para sólo enfocarme en lo malo. Me di cuenta que había perdido todo antes de encontrarme en tan difícil situación. Medité todo el día, sentado en mi sofá, solo, aterrado, quebrantado, sin hacer nada más que ir al baño una sola vez. No probé alimento, y al caer la noche, me arrastré a mi cama, temiendo que la próxima vez que despertara sería dentro de un año, o más. Con todos estos pensamientos y tribulaciones me quedé dormido.

     Desperté otro día, sólo para caminar frente al espejo y encontrar un rostro arrugado, con el cabello –o lo poco que quedaba de él- blanco y una barba enorme, del mismo color que mi cabellera. Caminé hasta la ventana y miré por ella. Afuera todo se veía diferente. Con el paso del tiempo todo había cambiado; todo había progresado. Mi edad había avanzado, pero yo no me había desarrollado a lo largo del entorno con el que me encontraba. Regresé a la cama, me acurruqué e intenté conciliar el sueño de nuevo, sabiendo que ya no iba a despertar más.

     Sin embargo, desperté. Me levanté y caminé al espejo, sólo para ver el estado de deterioro en el que me encontraría a estas alturas. Me detuve un paso antes de verme. Sentía un sufrimiento indescriptible. Temía ver mi cara carcomida por el tiempo que nunca aproveché, que nunca disfruté, que nunca tuve. Cerré los ojos y me posicioné delante del espejo, pero antes de poder abrirlos el timbre de la casa sonó. Al voltear la mirada, no pude ver ni de reojo mi figura en el espejo, y comencé a caminar hacia la puerta. La abrí y me sorprendió lo que encontré. Era Julio, parado en la calle y vestido con ropa deportiva. Esbozó una sonrisa y me preguntó si ya estaba listo. No tuve palabras para contestarle, y lo único que pude hacer fue abrazarlo. Corrí hacia el espejo y me miré en él. Mi cara era joven de nuevo, con el cabello corto y negro. Por mis mejillas rodaron algunas lágrimas de alegría, pero mi corazón saltó aún más de gozo cuando salí y vi el periódico con fecha del 9 de enero del año en que todo comenzó.

     Julio seguía ahí, mirándome como si estuviera loco. Repitió su pregunta mientras entraba a la casa y se sentaba en el sofá. Lo miré –con lágrimas en los ojos- y le respondí: “Sí Julio, estoy listo para comenzar de nuevo; para aprovechar las oportunidades que tenga y disfrutar cada momento”. Julio me miró de nuevo y  dijo: “Genial, pero sólo quiero saber si estás listo para ir a hacer ejercicio”.

Cuento Corto. Marzo, 2005.

martes, 31 de mayo de 2011

The Travelling Nose

It's the smell. The only thing that bothers me when going on a trip... the smell. Never mind the bed, the bathroom, the goddamn luggage or the climate -it's the stench I cannot stand. Maybe it's just me, perceiving a filthiness that does not exist. Maybe this reek of shit comes not from the stairs of this God forsaken motel, but the pain that comes to my nostrils with every inhalation feels just too real. All inhale and no exhale make Jack a dull boy. Jack? Here’s Johnny! Or is it? The birds’ songs are quite beautiful this time of the year. It’s not Christmas.

Yes. Maybe it’s just psychological… but I'm not going to the shrink. You go to a consult nowadays and all they do is make you a series of tests just to say 'you're crazy'. I don't need to pay for that, I know I've lost my mind. I'm not the same since she went away. I’m not half the man I used to be since I lost my better half three years ago. I feel like three quarters of a man now. Maybe less. My nose on the other hand works like a freaking charm. I can smell the cockroaches as they wander over the dusty floor, preying on the decaying scraps left behind by unclean men. Repent, the end is nigh. Not that type of unclean not that type of unclean not that type of men

No. My name is not Jack. My name is Trevor. Trevor Jones and I am a salesman -and a rather good one -. If Indiana Jones was a salesman, I’d be him. We share the last name after all. I'm pretty sure you know by now that I am used to travelling and staying in places like this. Never before did I have problems with odours, but I guess she messed with my head so badly that fragrances are not what they used to be. Now every time I'm away from home not even the world's most expensive perfume can make the smells go away. She messed with my head so badly that I think three quarters is less than a half. Yes bub, read the previous paragraph. When did this smelling affair begin? When she left? Before? After? When did I lose three quarters of my brain? Pleased to meet you. Andy Hoarse, salesman extraordinaire. Oh yes, I find this motel to be quite good. Three stars!

Focus focus focus. Today’s air brings a whole new stinking experience… and yet, there's something different in the air today. Yes, it's still a malodour but it's a different type of it. It is a stink way more awful than anything I have smelled before. Hurry up, just a shower and I'm out of this hole. These stairs seem endless, especially now that I want to go away so badly, escape from this bog of putrescence. I hold the handrail of the stairwell before I fall. The smell intensifies and I'm starting to feel numb. This aroma is killing me. It’s filling my insides and making my organs decay both painfully and slowly. Oh Lord, it’d be way easier to die listening to a song. It’d be softer to die… killing me softly… get it? I’m cracking myself up.

And there she is. No wonder I can't take the effluvium this time, she stands atop of the stairwell, as shocked as I am for this strange encounter. Destiny, fortune, luck. Call it whatever you want, it has a twisted sense of humour... and the humour I feel now is nausea. The world is a handkerchief, or so a Spaniard would say. Was she from Spain? Where was she born? Did I meet her there? What was her name? Damn nose, when did you get so… acute. When I was younger I knew a guy. He had this awful looking nose. I avoided him. His name was Ben. Once I punched him in the nose. He bled. For three hours. Poor Raúl. He was of Spanish descent.

I keep walking upstairs, though my speed is slightly reduced. This pestilence is too much for a single man to bear, but I'm no praying man either so I'm alone for this confrontation. Yet, I must acknowledge the fact that I like the mysticism and esotericism behind the story of Jesus Christ. His power compels me. She is just standing there, looking at me, and I'm almost on my knees... begging... crying... hoping the sickness goes away. The stairs are over. I'm really not in the mood. Silence was never so awkward before. Seconds drag and an eternity passes. I'm going mad with this unbreakable silence. My nose feels so heavy and I cannot move my facial muscles. I'm feeling dizzy, I think I'm going to fall down the stairwell... seal my doom and end my pain.

'Hi' is all she can think of and surprisingly I cannot think of anything else to say either. I bring myself to utter the word, almost an unheard whisper falling on deaf ears... but she hears it. It's my eyelids that feel heavy now, as looking into her eyes is a burden. The solemn silence returns... a millennia of silence. Was I ever in Spain? Yes. No. Maybe so? Where? South of Spain. South of the border… down Mexico way? She doesn’t look Spanish. She hasn’t got an accent… I think. Hi. Mi nombre es… what was her name?

I can feel a mix of words forming right inside of me. The phrase they form is a sour complaint to the universe itself. Of all the places in the world I had to find you here. Her ‘hi’ still lurking in my brain, I ache to kvetch but I'm mute. Jewish? No, her nose is not that big. Even mine was bigger. Her eyes are huge though. My brain still functions at least. Well half a brain… three quarters of a brain. A quarter of a brain, that’s the one I was thinking of. Spanish? Jewish? Can’t remember. She smells like something else. Different race? Different species? Third time is the charm Mr. Nose. Joey Rhodes, that’s my name.

Her eyes express discontent. She dares be angry at fate and I am furious for so many feelings I can't explain, for my blood burning and the contaminated air perforating my lungs. I'm so sick, her scent is so intoxicating, my nostrils are wide open and my eyes are at the verge of tears. I have to do something but her gaze has turned me to stone. I am like a gargoyle, greeting the guests of the motel. Hello, can I take your coat? Those big grey eyes. She smiles like a devil woman for she knows she still has power over me. Sad little man. I just want it all to end. She is definitely of European descent. Aren’t we all? No, African. Alien? My name is M’kflooniu Aus’chwierç. That’s the best pronunciation you can achieve without me having to take away your occiput. Alfa Centauri. The Wild West.

She starts descending, one step at a time. She moves like a gracious swan. Russian? I don’t remember her having an accent. I don’t remember her talking in something other than English either. She keeps on moving. She moves as slowly as the time. Not a swan, she moves as if slithering like a snake on the sand. Treacherous. Different race? Different species? Snake? Alien? But of course, she must be Venusian. Me… Martian? Her name! Marcia. It doesn’t sound Spanish. Not Russian either. Not Jewish. Latin? Her name can’t possibly tell me her ethnicity and it of course can’t tell me her species either.

Still I’m still. I'm not moving, or at least that's what I think. No, I am not moving. I am sure of that. I am as sure of that as I am sure that my name is Bob or Patrick McGee. My leg moves on its own accord. Even more so, my foot has positioned itself in that strategic location. She’ll get out of balance and then she will be out of something else... the moment she reaches the final steps of the stairwell. Then, it will be my face the one showing a smile... and I hope the atmosphere becomes more redolent and sweet, just like a bouquet, refreshing and pleasant. I long for that first whiff of a new age to come. I need to go to a wedding. Not because of the bouquet of course. Weddings are fun, that’s all.

No, I am not blond. Blunt force trauma. Blow to the head. Doctors did the best they could. My nose was the one who suffered the most. Looked like an eggplant, all purple and bloody… bloody disgusting. Three years. Not the same. Poor poor Larry Eggman. She rolls and rolls never reaching the end. Never reaching the light at the end of the stairwell. Marcia killed me. She killed half of me. She killed three quarters or one quarter of me. Do you care about me? I don’t! Yet, revenge is a dish best served cold. wIj be'nal HoHta' jIH. Cold case ensues after three years.

For three years I’ve had this recurring nightmare. I am a redheaded man in a red jumpsuit when a midget comes near me. He has a very strange nose. He has no nose. He has a huge zit right there in the middle of his face. The zit is his nose. I bite his nose. It is filled with cream in the inside. It is like a donut. A doughnut. Dough sounds like pizza. It is not tasty. A zit. I hate them. I wake up and I can smell it. That nutty odour and my pants are wet. I cry. Then I forget and the next night I remember. Hello Mr. Midget, how was the urine last night? I only remember in my dreams. The break of dawn, who am I? Stephen Barrows, nice to meet you.

‘Bye’ she says as she turns to look at me, four steps beneath me. There I am, looking downstairs. My foot is a mirage. My nose is a mirage as well. Prosthetic means yours but not yours, you know what I mean? Freaking smell! I watch her as she goes away. Her smell has not begun to fade when another stench comes from behind. What is silent and deadly? A fart. Her boyfriend is behind me, smiling. I’ve not seen him but I can smell him. Oh you wise nose, just one stone, right?

Did you like it? Did you enjoy it? Life insurance: man’s most creative contract of a death sentence. Le Roi est mort, vive le Roi! But I did not die. The money, I don’t know. She didn’t get any. I didn’t get any when I was alive. Boyfriend Clarence Bradshaw got any? She was beautiful. He had the name of a girl. Marcia and Cecil. They planned it but they didn’t get me. What kind of a name is Carl? Carl Jr. Nothing but a hamburger man. I won’t bite although I grab him, like a vampire, by the neck. We are like a stone going downhill, even more so when she gets caught by us. And there we go and I know that when I reach the end of the stairwell, when I hit the floor nose first… oh God, the three of us are going to smell.

Cuento Corto. Febrero, 2009.

lunes, 30 de mayo de 2011

¿ Puede darme DINERO ?

     El dinero es un medio para un fin. Es un vehículo para transportarte a donde sea que vayas. El dinero no es la felicidad... pero demonios, cómo ayuda. Para la mayoría de la gente el empleo es el que nos proporciona este dinero. Se dice por ahí que si uno trabaja en lo que le gusta no tendrá que trabajar un solo día de su vida. Por todas estas razones (tal vez más) alguna vez me pregunté si mis dibujos me podrían dar dinero. De ahí que haya participado en un par de certámenes y concursos. Ejemplo:

Cogito ergu sum & He knows not his own strength that hath not met adversity

     Por parte de Más que Palabras de Televisa, la idea era hacer un corto de diez segundos ilustrando alguna frase célebre. Mi entrada para el concurso es la primera frase mostrada en el video. Hecho en febrero del 2009, ese corto resultó ser uno de los diez ganadores del concurso. El premio fue la oportunidad de realizar otra cápsula de diez segundos (de nuevo ilustrando otra frase, la segunda del video) auspiciada por la empresa (o sea, me pagaron). Ese fue mi primer sueldo real. Mi primer cheque. Con ese dinero compré La Naranja Mecánica de Anthony Burgess.

     Ese mismo año participé en un concurso del ITESM. En ese la verdad el tiempo se me vino encima e hice lo mejor que pude hacer en dos días. Obtuve una mención honorífica. El video lo puedes ver aquí. Es el que está en la parte inferior derecha (o sea, hasta abajo el de hasta la derecha).

     Ese mismo año también participé en Animasivo. El tema era la astronomía, en honor al IYA2009 (Año Internacional de la Astronomía 2009) y el cuatrocientos aniversario del uso por primera vez de un telescopio astronómico por Galileo Galilei. He aquí un par de imágenes:

De niño quería ser astronauta... bueno, todavía quiero

Luna lunera cascabelera

     Pronto tendré que poner un botón de donaciones en el blog, el nombre del apartado será el mismo que el de esta entrada. Oye oye oye, el cuerpo es una máquina que pide sustento (entre otras cosas). Sin embargo, eso será después. Por el momento me ocuparé de encontrar otra entrada interesante que publicar antes de que termine el mes. Esa simetría no va a mantenerse sola, ¿cierto?

jueves, 26 de mayo de 2011

Juegos Juegos Juegos

     El primer juego que hice data de una clase de Programación que tuve en mi tercer semestre, por allá por finales de 2008. Después de una amplia consideración sobre su tema, mi compañero y yo decidimos hacer un juego al estilo de Bomberman. Digo al estilo porque no queríamos hacer una copia exacta del juego, queríamos tener un personaje propio y memorable, así como un modo de juego más libre y/o flexible. Las ideas comenzaron a fluir y decidimos que nuestro héroe no detonaría bombas sino flatulencias y se llamaría Fartman.

Sí, ese es un frijol representando a las flatulencias y sí, vi mucho Dragon Ball cuando era niño

     Aunque la idea era mediograciosa también era un poco... asquerosa. Al final se decidió utilizar un personaje más convencional. Después de un poco de deliberación (y como la película del personaje del comic se estrenó ese mismo año) nació IronBomberman.

¡ Mucho mejor !

     El proyecto, que era nuestro proyecto final, se desarrolló en equipo a lo largo de cuatro semanas. ¿ Y esto qué significó ? Que lo hice en cuatro días (un fin de semana). El juego en sí es simple y lo que más me gusta de él es su nombre:

IronBomberman: Rise of the Iron Mongers

     El juego cuenta con dos niveles y dos jefes. ¿ Solamente cuatro niveles en total ? Oye, ¿ qué esperabas de un amateur que lo realizó en cuatro días ? El objetivo es resolver los acertijos mientras matas a todo lo que se te pone enfrente, así como lo muestra el video:

El niño BOMBA

     Detalles sobre el juego:

1) A veces no pilla las teclas así que hay que darle click a la pantalla para poder jugar.
2) El final es... total y absolutamente nada, cuando lo has terminado no pasa nada, ni te dice felicidades ni nada de nada.
3) A veces los fondos no aparecen. El juego decide simplemente no cargarlos. Hay que reiniciar el juego.

     A pesar de todo el juego te lo puedes descargar para Mac o Windows. En Mac simplemente hay que dar doble click al .app que está dentro del zip. En Windows doble click al Setup.exe te llevará a través de las instrucciones que instalarán el jueguillo. Las flechas para moverte y la barra espaciadora para depositar bombitas. Yo mientras tanto seguiré intentando instalar mi Project Eden en mi Mac mediante Wine.


martes, 10 de mayo de 2011

But I AM an Artist

     No sé si lo sepan pero me encanta Anna Faris. Tal vez porque es una graciosa y guapetona actriz o porque me recuerda a mi amor platónico Sienna Miller. En fin, el punto es que es algo así como mi musa y constantemente sueño con ella (no, no de esa manera). Por ejemplo, hace un par de semanas soñé esto:

Sí que lo eres Anna

     Sé que mis dibujitos no le hacen justicia a Anna, pero es con cariño hoy, el día de las mamacitas. Por si alguien no ha visto alguna de las películas la primera parte es de 'Sólo Amigos', el diálogo es entre Faris y Ryan Reynolds y la revelación de la verdadera naturaleza de Anna es la parte final de 'Hombres de Negro', en que Edgar 'el Bicho' intenta escapar de J y K.

     Y bueno, recuerdo que en aquella ocasión no soñé solamente la animación que aquí se presenta. Soñé también que era Dexter (el protagonista de la serie del mismo nombre), que mi hermana Deb (bueno, la de Dexter... que era yo) estaba a punto de descubrir que era un asesino serial, que la única manera de cubrir mis pasos era dibujar las escenas de mis crímenes y cambiarlas en el dibujo para que se materializaran en nuestra realidad y que aparte de eso estaba luchando ferozmente para revelar el mayor secreto de la serie... que aunque es un excelente actor David Zayas no es cubano sino puertorriqueño, de ahí que cambia la 'r' por 'l' cada vez que habla en español.

¡ Enseguida Sargento Batista !

martes, 3 de mayo de 2011

Estupidez

Estupidez (según Princeton -wordnetweb.princeton.edu -y Wikipedia -es.wikipedia.org -):

-Poca habilidad para comprender o ganar experiencia
-Faltante o marcado por la falta de agudeza intelectual
-Falta de razonamiento, ingenio o sentido común
-La propiedad de ser estúpido

La estupidez, así como la belleza, está en el ojo de quien la mira